¡Hey Hola!
Estaba scrolleando en redes, echando el típico doomscroll, cuando me topé con un video raro. Tenía algo gracioso, pero el estilo visual que no era lo usual. Parecía sacado de esos juegos indie que te hacen sentir incómodo vaya hasta el sonido se escuchaba «pixelado». Y claro, lo primero que hice fue abrir los comentarios, porque seamos honestos, a veces los comentarios son más entretenidos que el video mismo.
Me declaro adicto a leer comentarios, por eso comenten, denle like y suscríbanse para saciar mi sed.
Total, me clavé leyendo y ¡pum!, alguien mencionó un tal Mouthwashing. Me metí a buscar qué era, y resulta que es de terror psicológico. En ese momento mi cerebro dijo: “Perfecto, material fresco para reseñar”. Y justo a tiempo, porque se viene octubre —el mes donde uno aprovecha cualquier excusa para jugar algo que le reviente los nervios y le apague las ganas de dormir temprano.
Si se dieron cuenta estuve reseñando juegos con temática de terror solo para el mes. En fin. Démosle a la reseña.
Historia
La historia va mas o menos así. Y es que nadie se imaginaba hasta dónde iba a llegar el capitán Curly. El tenía esa mirada de “si me hundo, nos hundimos todos”, ya sabes, mentalidad de jefe que se pasa de lanza. Según él, lo lógico era que toda la tripulación muriera con él, como si fuera el final heroico de una película… pero sin presupuesto ni gloria.
Y pues no, la realidad le dio una cachetada. Porque aquí lo tienes: lisiado, mutilado, sin poder hablar, pero todavía respirando. Una especie de reliquia viviente del desastre. Ahora está ahí, a merced de su tripulación, que básicamente lo está dejando pudrirse poquito a poquito. Y uno no sabe qué da más miedo: si el espacio vacío o ver lo que queda de humanidad cuando ya no hay esperanza.

Y bueno, eso es todo lo que puedo contar… porque sí, otra vez me tocó uno de esos juegos donde si digo de más, les arruino la experiencia. Mouthwashing es ese tipo de historia que te suelta la mano no te explica qué está pasando. Nomás te avienta al caos y te dice: “Suerte, a ver si entiendes algo”.
Lo curioso es que ni siquiera sabes si lo que ves es real, un recuerdo, o pura alucinación. Y eso es justo lo que lo hace tan adictivo. Seguro vas a querer rejugarlo solo para tratar de conectar las piezas y entender qué demonios pasa con cada personaje.
El juego no te explica nada, tú eres el que tiene que armar el rompecabezas. Y como todo se cuenta en texto, te toca imaginar los tonos, las pausas, las miradas que no ves. Es como leer una carta escrita por alguien que ya perdió la cabeza… y tú estás ahí, intentando descifrar si deberías seguir leyendo o cerrar el juego antes de que te empiece a pasar lo mismo.

El juego es cortito, me duró como tres horas, pero vaya tres horas. Es de esos que terminas y te quedas viendo la pantalla con cara de “¿qué acabo de jugar?”. Perfecto para aventártelo de noche, cuando todo está en silencio y tu mente decide ponerse filosófica.
Gameplay
Para jugar Mouthwashing no ocupas ser ningún pro del teclado. Aquí no hay combos, ni reflejos sobrehumanos, ni jefes que te hagan gritarle al monitor. Nomás te mueves, haces clic donde parece que algo anda mal y resuelves uno que otro puzzle para que el cerebro no se te oxide. Sencillo, pero con malicia.

En mi experiencia, el juego no tiene jumpscares ni nada que te brinque en la cara… así que, en teoría, estás a salvo. Digo “en teoría” porque lo que sí hace es jugar contigo a otro nivel. No te asusta con ruidos, te asusta con ideas.
Y la neta, eso se agradece. El gameplay es simple, sin castigos ni frustraciones innecesarias. Ya tienes suficiente con tratar de entender la historia y lo que está pasando en esa nave como para encima sufrir con los controles. Este juego no quiere matarte… quiere dejarte perturbado. Y eso pega más fuerte.
Gráficos
A mí la neta me encantan los gráficos tipo PlayStation 1. Tienen ese encanto raro, como si todo estuviera medio roto pero con intención. Y en Mouthwashing funciona perfecto. Le da ese aire nostálgico que te recuerda a cuando los juegos de terror no necesitaban texturas realistas para darte ñáñaras.

Es un descanso de tanto juego hiperrealista donde hasta las sombras tienen ray tracing y tu GPU parece turbina de avión. Aquí no, aquí todo corre suavecito, sin dramas. De hecho, el juego puede correr en casi cualquier tostadora.
Bueno… no al nivel de DOOM, porque seamos sinceros, DOOM corre hasta en un microondas si le das oportunidad. Pero Mouthwashing anda cerquita: accesible, ligero, y con esa vibra noventera que le da más identidad que mil shaders juntos.
Sonidos
Aquí sí tengo que admitirlo: Mouthwashing no trae ese filtro de sonido sucio o distorsionado que muchos juegos usan para sonar “retro”. No hay ruidito de cassette viejo ni ambiente de VHS mal grabado. Pero, ¿sabes qué? No lo necesita.
En general el apartado sonoro esta bueno, bien trabajado por parte de los devs.
Hay rolas que están movidas, genuinamente buenas, y aunque no sea un soundtrack de esos que se te quedan tatuados, cumplen su función. Lo interesante es cómo el juego usa el sonido: a veces no te muestra nada, solo te deja escuchar… y ahí es donde empieza la tensión.

El audio no está de adorno. Está programado para guiarte, para hacerte sentir incómodo, y para que empieces a atar cabos sin que nadie te lo explique. Cada ruido tiene intención, y eso se nota.
En general, el apartado sonoro está muy bien trabajado. Se nota que los devs sabían lo que querían provocar: que te quedaras con la duda de si lo que oíste salió del juego… o de tu casa.
Conclusión
En resumen, Mouthwashing no es un juego para todos, pero si te gusta que te revuelvan el cerebro y te hagan cuestionar qué tan cuerdo sigues después de apagar la pantalla, este te va a encantar. Es corto, raro, y tiene ese tipo de historia que no se te despega aunque quieras.
No te va a gritar en la cara ni te va a espantar con ruidos fuertes, pero sí te va a dejar con una sensación incómoda, como si te hubieras metido en un lugar donde no deberías estar.
Visualmente tiene su encanto noventero, sonoramente cumple, y narrativamente… bueno, ahí es donde te agarra. Porque cuando crees que ya entendiste, el juego te ve y te dice: “¿Segur@?”.
Así que si andas buscando algo distinto, algo que no te dé sustos sino pensamientos raros antes de dormir, dale una oportunidad. Nomás no digas que no te avisé si al final te quedas mirando el techo preguntándote qué demonios fue eso que acabas de jugar.
Soy Ket, ¡nos vemos!










0 comentarios