¡Hey Hola!
Andaba roleando en Steam, así nomás de ocioso, y me topé con un jueguillo baratón. Se miraba cortito, medio raro, y pensé: “¡ah, este está ideal para reseñarlo!” Total, lo jugué un rato, me puse gotas para los ojos porque sentía que me estaban sangrando, y ya después de preguntarme qué fregados acabo de jugar… pues vamos entrando en calor con Post Void.
Historia
Mira, de entrada este juego ni historia tiene, o sea, sí hay una excusa medio rara, que según esto el lugar y el tiempo se llaman POST VOID, y eso te lo sueltan en una cinemática toda psicodélica. Pero fuera de eso, no esperes lore profundo ni nada digno de un video de esos de “explicando el final”.
Tú nomás eres un mono bien extraño que trae en la mano izquierda un ídolo lleno de juguito raro —que no sabemos si es Yakult echado a perder o sangre blanca censurada de los animes… que se mira un poco rara— y en la derecha un arma. El chiste es andar reventando enemigos a lo loco para que ese ídolo se mantenga lleno, porque si se vacía, pues adiós carnal.

Y ya, esa es toda la “historia”. La neta ni le pongas mucha atención a ese rollo, lo bueno está en el gameplay. Yo nomás hago esta sección porque ya me acostumbré a reseñar todo con la estructura clásica, aunque aquí es puro trámite.
Gameplay
Ya entrando en el gameplay, ahora sí viene lo sabroso. Y es que aquí no hay mucha ciencia: si no andas disparando, te mueres. Así de sencillo. O te los quiebras tú, o ellos te quiebran a ti, no hay de otra.
Primero lo básico: el movimiento. Nada del otro mundo, pero aquí el detalle que me encanta es la barrida. En otros juegos tienes que agarrar carrerita para hacerla; acá no, acá nomás picas Shift y ¡vámonos! Eso hace que atravieses el mapa en friega y tomes decisiones rápidas. Ejemplo: si ya traes el ídolo bien secote y ya te vas a petatear, te lanzas hecho madres, ubicas a un enemigo, lo tumbas y sobrevives otro ratito.

Ahora el gunplay, que es donde se pone sabrosa la carnita.
- La pistolita básica no falla. Con puntería decente te rifas headshots desde lejos y a corta distancia todavía pegas duro. Pero aguas, porque no es nomás ir en chinga disparando a lo loco; hay que combinar velocidad con puntería frenética si quieres sacarle jugo.
- El cuchillo… mira, sirve para navajear, sí, pero honestamente está medio meh. Si mantienes clic puedes soltar una tajada que sí revienta, pero no se siente tan chido como la pistola. Para mí es el primo incómodo del arsenal.
- La Uzi es la clásica: balazos en ráfaga y a lo wey. Funciona, es divertida, pero no esperes fineza; aquí nomás es spray & pray.
- Y la joya de la corona: la escopeta. Me encanta. Con un clic borras enemigos del mapa, así nomás. Sí, tienes que estar bien cerquita, pero eso es lo sabroso: te barres, disparas, sigues corriendo, disparas otra vez, y la adrenalina se va al cielo. Es un arma que te hace sentir poderoso, o tal vez me siento así por el Team Fortress 2.

¿Y cómo se consiguen estas armas y mejoras? Fácil: pasas un nivel y te salen tres opciones random. Ahí puede estar la nueva arma o perks bien curiosos. Por ejemplo, uno le mete más líquido al ídolo para que aguantes más, otro es la brújula que siempre apunta a la salida. Y aunque suene bien menso, créeme que sirve, porque los niveles están generados proceduralmente y con ese estilo visual tan mariguano te pierdes en dos segundos.

En general, los power-ups van moldeando tu build. Si eliges recargar más rápido y traes la escopeta, uff, es una delicia. Con el cuchillo… pues quién sabe, ya ni ganas me dieron de probarlo.
El chiste de Post Void es claro: mueres rápido, matas rápido. Es frenetismo puro, y por eso es tan divertido. He visto raza en sus reseñas que dicen que lo acabaron en menos de dos horas. Yo, la neta, me lo pase en tres horas. Pero eso sí, cada partida ha sido una mezcla entre coraje, risa y adrenalina pura.
Cuando lo terminé, yo bien emocionado pensé: “ah, seguro hay un modo infinito donde pueda escoger todas las mejoras y ponerme a romper récords como loco”. Pero nel, no pasó. Y la neta eso sí le baja unos puntos a la rejugabilidad, porque uno ya trae la adrenalina hasta arriba y quiere seguirle dando sin límite.
Claro, siendo un juego baratón y con una premisa tan directa, se entiende que no lo metieran. Pero igual queda ese sabor de “pudieron haber hecho más”. Un modo infinito hubiera sido como el refill gratis de soda en cualquier restaurante: no lo necesitas, pero cuando lo tienes, lo disfrutas como rey.
Graficos
Les voy a hablar derecho: este estilo no es para todos. Yo estoy en un punto medio, porque sí está bien original, pero también me sacó de onda. Lo chido es que los gráficos se sienten únicos, como un DOOM noventero, pero puesto en un trip surrealista donde todo —enemigos, escenarios, hasta tu mono— parece sacado de un mal sueño después de cenarte unos burritos con exceso de salsa y queso que quizás no era queso (era un hongo).
Ahora, lo que no está tan curado: cada vez que disparas la pantalla se te ilumina con un flashazo. Encima hay enemigos que, en vez de matarte de frente, su ataque es morirse y aventarte una flashbang, o tirarte un sonido tan feo que esta mas feo que alarma de carro a media madrugada. Entre tanto efecto, tu pantalla termina hecha un caos.


Y sí, entiendo que el juego está diseñado para sentirse incómodo. Literal, es como caminar en pleno agosto por Mexicali a 48 grados, sin sombra, sin agua, y con el pavimento derritiéndote las suelas. El problema es que ese estilo te puede marear bien fácil, cansarte la vista y hasta dejarte con dolor de cabeza. Así que, consejo de compa: antes de jugar esto, checa con tu médico si no tienes broncas con los destellos y movimientos rápidos, porque aquí hay de sobra.
Mi recomendación: no le den más de media hora corrida. El juego es adictivo, sí, pero mejor midan su tiempo. El juego ahí se va a quedar, pero tus ojos… quién sabe.
Eso sí, algo que se agradece es que incluyeron una opción de accesibilidad para desactivar los flashes repentinos. El mismo juego te dice que no es la visión original que ellos tenían, pero la neta sí lo hace más disfrutable para mucha gente. Se agradece un montón.
Sonido
La neta aquí no hay tanto de qué colgarse. Sí, el juego trae un rollo psicodélico pesado, pero en los sonidos tampoco es para armarle altar. La música… pues depende del oído del que la agarre: a algunos les va a parecer chida, pero siendo una sola rola que se repite como disco rayado, llega un punto en que en vez de adrenalina te da ganas de mutearla y poner tu playlist de Spotify (o de otro proveedor de música menos turbio).
Los efectos de sonido de las armas y de los monos enemigos, pues cumplen, ni más ni menos. Es puro trámite, suficiente para no quitarte la inmersión, pero tampoco algo que digas: “uff, qué detallazo los devs”.
Conclusión
En resumen, Post Void es como esa comida que miras rara en la carta, la pruebas por curiosidad y terminas diciendo: “ah caray, esto estaba más bueno de lo que pensé”. Es un juego frenético, directo, sin rodeos, que te pone a prueba desde el primer segundo y no te suelta. Sí, sus gráficas psicodélicas te pueden marear y el audio no es la octava maravilla, pero la adrenalina que te da en cada partida compensa todo eso.
No es un juego para todos. Si buscas historia profunda o quieres algo relajado para desconectarte, ni te acerques. Pero si lo que quieres es sentirte como si hubieras tomado tres Monster de piña y te hubieras lanzado en patineta por la vía rápida esquivando carros, entonces aquí vas a estar en tu mero mole.
Al final del día, Post Void es de esos juegos que te matan en segundos… pero aun así le das retry más rápido que cuando escuchas que hay 2×1 en tacos de birria en la esquina.
Soy Ket ¡nos vemos!










0 comentarios